viernes, 22 de julio de 2016

Etapa Briare-Sancerre (+ more)

Era mi etapa rutinaria de 50 km diarios, esta vez sé que la distancia porque los carteles avisaban, conseguimos llegar sin muchas dificultades, pero de repente nos encontramos que...¡No hay camping!

Siempre queremos ser mejores, y desde luego tenemos oportunidades para intentarlo, pero no lo hacemos y no precisamente porque no podamos.

Posibilidad 1: Volver atrás y coger el camping que estaba a 10 km
Posibilidad 2: Seguir avanzando y encontrar un camping, aunque seguramente fuesen más de 10 km.

Cogí la segunda opción, la incertidumbre dura, hubo momentos de sentarse en el arcén y recobrar fuerzas, incluso en el último tramo pregunté en una casa si quedaba mucho para llegar, y lejos de cerrarme la puerta me la abrieron y me ofrecieron agua, me supo a gloria desde luego.

Nunca había hecho un tramo tan largo y con peso, pero en estas situaciones no hay término medio: O te rindes o vences. Mi cabeza y cuerpo decían que podía ganar al igual que mi cuerpo y, aunque rara vez confío en mi, actitud que debería cambiar, lo hice.
Y desde mi punto de vista el sol estaba ahí.


Y en el camping tocó doble ración de sorpresas. Una magnífica familia catalana que a pesar de estar cansados y que era tarde estuvieron un buen rato conmigo.

Jugamos a las cartas y luego un poco de charla donde se tocó un poco de todos los temas. Su hija e hijo magníficos, ambos si no recuerdo mal estudiaron en una bosqueescuela: Uno de mis amores educativos, y la niña muy creativa en todo el sentido de la palabra. Resolviendo una cara de un cubo de rubik por ella misma, tener un cuaderno creativo donde dibujaba plantas principalmente y subirse a mi monociclo de una manera tan original, con ayuda y seguridad por supuesto.

Y así Unai vicia a la nueva juventud.

Todo es mejor cuando sonríes.


Y a la noche llovió, y a pesar de que me daba miedo usar la tienda de campaña, ya que se avecinaba una buena tormenta, decidí dormir así. A pesar de que tenía la sala que me habían ofrecido.
Escuchar la lluvia desde dentro os aseguro que es una experiencia fascinante.

Tras dormir tocó un magnífico desayuno digno de dioses. Creedme un par de días desayuno flojo, te encuentras con algo así y es empezar las mañanas con una sonrisa.



Una de las grandes ventajas de ese avance es que la llegada hasta la última ciudad fue un mero paseo.
Eso sí, las nubes me daban mucho miedo; había riesgo de tormenta eléctrica, pero bueno, a veces hay que arriesgarse.

Sólo chispeo un poco.

Llegamos a Nevers, que se me sigue haciendo raro ese nombre para una ciudad francesa; suena más a inglés que otra cosa.


Catedral, es una pena no haber tenido una cámara mejor.


Finalmente a la mañana siguiente tocó el fin de la etapa francesa, y era hora de que el mono esté entre raíles para luego salirse de ellos. A por un nuevo país.
Y cómo se nota que en Europa respetan a los ciclos. Ninguna pega ni mirada
Me lo encontré por el camino. Me sentí observado.

Citando a Jean Jacques Rousseau:
"Para mí sólo existe una manera más agradable de viajar que a caballo: a pie. Se emprende la marcha cuando se place; se detiene según su voluntad, se esfuerza poco o mucho, según se desee. Se observa todo el país... No preciso tomar senderos desbrozados ni carreteras cómodas. Paso por todas partes por las que pasa una persona, veo todo lo que puede ver una persona y, puesto que dependo únicamente de mí disfruto de toda la libertad de la que puede gozar una persona."

Hay río, luego no estoy perdido.

¿Quién necesita ventanas teniendo árboles?

No coches: Magnífica felicidad

El monociclo soñaba con ser bici, ¿o será al revés?

Cielo limpio, corazón sano.

Puro realismo en la pared.
Y si hay ventanas que sean así.
¡A la siguiente entrada!


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